Punto y aparte (más de mí y nada de ti)

pexels-photo-1572878.jpeg
Photo by Alexander Krivitskiy on Pexels.com

 

… Y llegó el momento en el que me dije:

“A la mierda… ¡esto no es lo que quiero!”

Y me quedé con las manos vacías, pero con el alma llena.

Feliz…

En la piscina

pexels-photo-3755832.jpeg
Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

 

 

Estoy en la piscina, apoyada con los brazos en el borde tomándome un cóctel.

Disfrutando del sol espléndido de un 16 de diciembre, absorta en mis pensamientos.

Necesitaba estas mini vacaciones contigo. Aunque no hace mucho que nos conocemos, tenía demasiadas ganas de ti. Y te estoy disfrutando, me estoy abandonando al placer continuo de tenerte para mí, día y noche. De,  simplemente, disfrutar.. y poco más.

Eres un amante increíble; maravilloso, morboso, atento, pervertido… ¿Qué más podría pedir?

Siento tu presencia detrás de mí, suave, lenta… pero el placer y el deseo se apoderan de mis entrañas, quizá adelantando lo que sé que va a suceder…

Pasas tus brazos alrededor de mi y pegas tu cuerpo al mío, empujándome fuerte contra la pared, bajo el agua.

Me besas el cuello, muerdes el lóbulo de mi oreja, mientras deslizando la braga de mi bikini metes tu sexo entre mis nalgas.

Me empujas más contra la pared, mientras te tomas un sorbo de mi bebida y vuelves a besarme.

Disfruto la sensación de sentir tu sexo palpitando entre mis nalgas, y me abandono al placer que me proporcionan tus besos y tus mordiscos.

Mientras, me susurras al oído… me dices cuanto te gustan mis tetas, y me indicas con todo lujo de detalles cómo las vas a masajear con ese aceite solar con olor a monöi cuando estemos de vuelta en la habitación. Recreas una maravillosa escena de placer en la cama, y mientras me preguntas si me gusta, deslizas una mano por dentro de la braguita y llegas hasta mi clítoris.

Y yo solo puedo pronunciar de vez en cuando un “sí” entrecortado.

Gimes en mi oído al notar mi humedad, y sé que distingues la textura de mis flujos aunque estemos debajo del agua.

Me pides que abra las piernas y ahora metes ahí, entre mis labios. Cierro las piernas y la aprisiono bien.

Sigues acariciando mi clítoris y moviéndote lentamente, rozándo mi sexo mojado con el tuyo, de delante a atrás, despacio.

Me aprisionas más y más contra el muro,  me muerdes más fuerte el cuello, presionas más fuerte mi clítoris. Y me corro.

Me corro intentando que no se note que estoy estallando de placer. Que estoy gozando con tus caricias, que es demasiado éxtasis como para ser cierto.

Sonrío, alargando un brazo en dirección a mi bebida.

No, me dices. No hemos terminado, vamos a la habitación.

Y salgo de la piscina, y te sigo. Eléctrica, deseosa. Lista…

Ups, que no se me olvide el aceite…

Buenas noches, Señor X

 

pexels-photo-4153626.jpeg
Photo by cottonbro on Pexels.com

 

Estoy cansada, aburrida y harta de los hombres reales, así que esta noche me voy a dormir con mi hombre ideal, el Señor X.

Me doy una ducha y me voy a la cama con unas braguitas negras como único pijama.

Él me está esperando.

Prolongo la tensión sexual poniéndome mi crema corporal favorita mientras él me mira…

El Señor X se incorpora en la cama y se ofrece a ayudarme. Coge un poco del producto y me lo extiende por el escote. Al momento mi piel se eriza, la crema está fría y el tacto de sus manos recorriendo mi piel hace que se ericen también mis pezones.

Me pide que me tumbe en la cama, y me va aplicando la loción por las piernas. Se detiene en la parte interior de mis muslos, y yo no puedo evitar mover las caderas por la excitación que me genera.

Se inclina hasta que su cara está frente a mi sexo, y yo gimo al sentir su respiración tan cerca de mí, caliente, húmeda… igual que yo…

Saca la lengua y me da un lametazo desde el perineo hasta el clítoris.

Me retuerzo de placer.

Mete un dedo despacio, y lo saca muy mojado. Con él me frota mi clítoris y después lo chupa.

Me pone boca abajo y sigue jugando con mi sexo desde atrás, hasta que se pone sobre mi y me penetra.

Primero despacio, se mueve muy lento. Se tumba sobre mi espalda y me mordisquea el cuello, me chupa la oreja…

Me hace cosquillas y me río. El también se ríe.

Me vuelve loca esa forma tan suya de ser tan dominante y tierno a la vez. Con él experimento el más amplio abanico de sensaciones…

Aumenta el ritmo mientras yo gimo debajo suyo. Ahora me sujeta fuerte el cuello mientras me penetra una y otra vez con fuerza.

Ya no me río, estoy a punto de correrme. Lo hago con su lengua en mi boca y él bien adentro. Sintiéndome llena, plena…

Unas cuantas embestidas más y el también se corre, derramando dentro de mí su semen caliente.

Y yo cierro los ojos, satisfecha, relajada… pensando que los hombres de mi imaginación no tienen nada que envidiar a los reales.

Encuentros con el Señor X

 

pexels-flora-westbrook-3730403

 

El Señor X viene hoy a verme al trabajo con una excusa.

Lo miro fijamente al entrar por la puerta y un hormigueo recorre mi cuerpo.

Se acerca a mí y hablamos, pero yo no dejo de pensar en nuestro último encuentro.

Sé que él sabe que me excito con su proximidad, con su olor, con su forma de hablar cada vez mas baja y susurrante…

Entonces me invita a tomar un café y acepto. La cafetería está abarrotada, por lo que buscamos un lugar en la barra, y él aprovecha el ruido y la confusión para tocarme el culo.

Se acerca y me besa, me susurra al oído las ganas de follarme que le persiguen desde nuestro último encuentro, a lo que yo respondo que también tengo muchas ganas, y que podemos vernos esa misma noche.

El señor X sonríe.

No, quiero follarte ahora, dice. Vete al baño y espérame allí.

Lo pienso un momento, pero me pueden el deseo, las ganas de sentirlo y de que me haga otra vez suya.

Voy al baño de mujeres y me pregunto cómo va a hacer para colarse en un sitio de por sí tan concurrido, pero no se hace esperar y pasados unos minutos aparece cerrando la puerta tras de sí y empujándome contra la pared.

Me muerde el cuello y me pregunta si ya estoy mojada. Le contesto que sí con la cabeza, pero me baja el pantalón y las bragas para comprobarlo él mismo.

Gimo y me tapa la boca con una mano.

Me susurra que ya que estoy tan mojada, vamos a hacer una excepción y saltarnos algunos pasos… Me separa las piernas y me penetra, y el sonido de mi grito de placer queda ahogado por su mano en mi boca.

Con la mano libre busca mis tetas por debajo del sujetador y me pellizca los pezones con fuerza. Me veo desbordada por tantas sensaciones a la vez, y por lo surrealista del momento y me corro.

Él se corre con esa habilidad de los hombres para hacerlo en el momento elegido y deseado, o al menos yo no la tengo. Se sube el pantalón y sale, supongo que ante la mirada horrorizada de otras mujeres.

Yo me quedo allí un poco más. Alargándo el éxtasis de ese momento improvisado con mi querido Señor X.

Demasiado

pexels-photo-3225796.jpeg
Photo by Joanne Adela Low on Pexels.com

 

Porque en el fondo sabes que soy demasiada mujer para ti.

Dudas sobre si debes encender la llama de mi pasión, ya que no sabes si vas a poder controlarla.

Tienes miedo de quemarte con fuego, con el fuego que deja auténticas cicatrices, marcas dolorosas.

Sería demasiado que tu boca se perdiera entre mis pechos, acariciarme mientras te miro a los ojos, y que luego me perdieras… sería una auténtica tortura para ti.

El movimiento de mis caderas, mis gemidos de placer… se te antojan deliciosamente insoportables.

No eres lo suficientemente hombre para esta mujer. No sabrías lidiar con mis demonios, y precisamente por eso no provocas la humedad de mi sexo.

No mereces poseerme, no sabrías follarme.

El sexo conmigo se te antoja irreal, divino, inalcanzable…

No te atreves porque sabes que no lo mereces.

Mi cuerpo desnudo entre tus sábanas es un sueño que no te atreves a tener, por miedo a que se convierta en pesadilla.

Soy demasiada mujer para ti, y tú eres muy poco hombre.

Intimidad

pexels-elizaveta-dushechkina-3727175

 

Me contemplo desnuda en el espejo, me miro a los ojos, sonrío.

Me aplico ese aceite perfumado que te gusta tanto, masajeando todo mi cuerpo. Lo extiendo con delicadeza, disfrutando su aroma, celebrándome.

Me acaricio el cuello, despacio, con la yema de los dedos, mientras mi piel se eriza.

Bajo por mi escote, acariciando el contorno de mis pechos y los abarco y amaso suavemente,con ambas manos.

Rozo suavemente mis pezones que se endurecen al contacto.

Chupo uno de mis dedos, jugando con mi lengua, y vuelvo a mis pezones para mantener su erección.

Mis caderas empiezan a moverse de forma involuntaria.

Se cuánto te gustan mis tetas, y juego con ellas con perversión.

Me tumbo boca abajo en la cama, y hago una foto de mi escote. Una foto mía, y para mí.

Acaricio mi sexo suavemente mientras te imagino sobre mí, follándome.

El peso de tu cuerpo sobre el mío… embistiéndome, poseyéndome, amándome.

Imagino tu cabeza entre mis piernas, saboreando mi sexo, mordiéndome las nalgas…

Mi clítoris erecto, mi sexo mojado. Me doy suaves golpecitos que hacen que me retuerza de placer.

Me siento en la cama e introduzco en mí un par de dedos, mirándome al espejo.

Me excita mi propia excitación, mi humedad, mis gemidos, el placer en mi rostro…

Así llega el primer orgasmo, disfrutándome.

Y me encantaría que me vieras ahora; mojada, exhausta, satisfecha, sonriente, empoderada…

El señor X

 

pexels-andrea-piacquadio-3756623

El señor, llamémosle X, no está aún muy bien definido.

Sólo se que es alto, castaño, y luce una barba corta.

Es un hombre de unos 40, tranquilo, sereno.

Es el típico hombre normal, si es que alguien lo es…

No destaca por nada, pero lo tiene todo, porque él es mi hombre ideal.

El señor X es un gran pervertido. Me manda mensajes muy subidos de tono cuando estoy sola en el trabajo, y me llama para disfrutar juntos.

Se duerme chupándome los pezones, o con una mano en mi entrepierna, y muchas veces me despierta a media noche pidiéndome más.

A veces me sugiere que salga a la calle sin bragas.

El señor X me propone cosas que no he hecho jamás, cosas que al final siempre resulta que me encantan.

Siempre busca nuevas formas de darme placer, y yo de complacerlo.

Me excita el simple hecho de pensar en él,  y anhelo el momento del día en que por fin puedo tocarlo.

A veces me folla muy fuerte, a veces hacemos el amor despacio…

Le he enseñado, sin miedo, cada recoveco de mi ser, y es eso lo que hace que sepa darme el placer que demando.

No es mi marido, ni mi amante, es mucho más que eso. Es TODO.

Puede que dure para siempre o que se acabe mañana, y en el fondo da igual, porque disfruto de la eternidad en esos pequeños momentos; cuando saboreo su lengua, cuando le chupo los dedos, cuando me toca el culo en público, cuando lo hacemos en el coche.

El sabe darme PLACER, y yo se devolvérselo.

Vive tu vida para el amor, Fórmula V

 

pexels-photo-3304855.jpeg
Photo by Jou00e3o Cabral on Pexels.com

 

Qué bien huelen las flores, que claro brilla el sol.
Te deseo mucha suerte, que encuentres lo mejor.
Que tristes las palabras, de aquella despedida,
De aquellos ojos claros, que ya no me querían.
Me fui paseando solo, sin nadie a quien hablar.
Los árboles del bosque, quisieron contestar.
Después vino la noche, aquella noche fría.
Y yo escribí unos versos grabados en mi vida.

Busca un amor

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora